En la propia palabra se nos enseña a interpretar; entonces, para tener eso claro, vamos al “tercer libro de Salomón” que es Eclesiastés, porque Cantares era de la juventud, Proverbios de la adultez, y Eclesiastés de la ancianidad; y en éste libro de éste hijo de David, rey sobre Israel en Jerusalem, él nos enseña algo por el Espíritu Santo, por el Espíritu de Sabiduría que Dios le dio, y como dice la Palabra, el Espíritu de Cristo que obraba en los Profetas. En el capítulo 1 vamos a ver un pasaje, y luego en el 3 vamos a ver otro pasaje; es decir, vamos a ver dos textos testigos inspirados por el Espíritu Santo, que nos dan ciertas llaves hermenéuticas para poder comprender algunas cosas; y las necesitamos, especialmente éstas que vamos a leer inicialmente en Eclesiastés, y que se relacionan también con Apocalipsis. Entonces dice en el capítulo 1: 9-10: “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; Y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de lo que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido”. Entonces aquí Salomón nos enseña, nos muestra la Palabra del Señor algo que es importante: “¿Qué es lo que fue?”; o sea, nos pregunta acerca de cosas del pasado; pero dice: “Lo mismo que será.” Es decir, que las cosas que van a suceder en el futuro, ya sucedieron de alguna manera similar o semejante o tipológica en el pasado; entonces ese es un principio que Dios nos enseña. Dios no solamente nos habla a través de una profecía del futuro; sí hay profecía, pero también hay tipología, que también es otro método que Dios usa. Por ejemplo, ustedes ven la historia de Adán y Eva; pero cuando Pablo leía lo de Adán y Eva, Pablo veía claramente a Cristo y a la Iglesia; en Romanos dice Pablo que Adán es figura del que había de venir, o sea de Cristo; y también en 2ª Corintios y Efesios presenta a Eva como figura de la Iglesia. En Romanos, 2a Corintios, Efesios, Gálatas, Pablo consigue ver a Cristo en la historia de Adán, consigue ver a la Iglesia en la historia de Eva, consigue ver el nuevo y el antiguo pacto en la historia de Abraham y de Sara, consigue ver al que es nacido de la carne en Ismael y al que es nacido del Espíritu en Isaac. O sea que existe una tipología en la historia, existe una alegoría; dice: esto es una alegoría; no que no haya sido histórico, sino que aquella historia sucedió de esta manera, dirigida providencialmente por la mano de Dios, para proyectar una historia futura. En el futuro, por ejemplo, el Señor Jesucristo clamaría: “¿Dios mío, por qué me has desamparado? Mirad, pues, todos mis huesos, clavaron mis manos y mis pies…”; eso que iba a ser en el futuro, ya fue en el pasado; en el caso de David, aunque no fue de la misma manera, sin embargo, lo que vivió David, lo que vivió Isaac, lo que vivió Adán, que fue lo que vivieron otros como el hijo de David, Salomón, es figura. Muestra que la historia se repite; y esto es algo que ya lo dijo por el Espíritu Santo Salomón, y que también, incluso escritores no cristianos de entre los llamados escritores clásicos, también tuvieron ojos para ver esto en la historia. Ustedes han oído del famoso Plutarco; Plutarco escribió una obra llamada “Vidas Paralelas”; esa obra está en casa; esa obra de Vidas Paralelas tiene lo siguiente: muestra la historia de un personaje histórico, y muestra la historia de otro, que fueron paralelos; tu veías que lo que aconteció con éste, aconteció también con éste otro; y menciona a fulano, a Alejandro Magno, a cualquier otro de esos personajes históricos, y hace una serie de comparaciones entre varios; toma a éste comparado con éste otro, y cuenta la historia de éste y cuenta la historia de este otro, y muestra cómo eran paralelas; y por eso él le llamó Vidas Paralelas; y esa es justamente la tesis de Plutarco, como la historia se repite, porque lo que sucedió con fulano, sucedió con zutano. Y por eso hay en la Biblia tipologías. Por ejemplo, leemos la historia de Ahitofel, y ahí vemos a Judas Iscariote; leemos la historia de José, y ahí vemos a Jesús; José, vendido por casi 30 piezas de plata, fue rechazado por sus hermanos, y fue a parar a la cisterna; pero de ahí fue a la diestra de Faraón, para casarse con una esposa gentil, y por fin ser reconocido por sus hermanos; o sea que lo que pasó con José era una tipología de lo que iba a pasar con Jesús. Vemos a Isaac cargando la leña para ser sacrificado, y resultó que el que iba a ser sacrificado era él mismo, pero luego regresó como si hubiera resucitado de entre los muertos; una figura de Cristo ¿por qué? porque Cristo es la verdadera simiente de Abraham; y como Isaac era simiente de Abraham, entonces había una alegoría, y había una relación entre Isaac y entre Cristo; o entre Adán, por ejemplo, durmiendo herido en el costado para que le saquen una costilla y le hagan a Eva, como Cristo muerto en la cruz herido en el costado para que le salga sangre y agua para tener la Iglesia. Entonces, ese es el principio de vidas paralelas, ¿se dan cuenta? Entonces tenemos la vida de uno con la de otro, y la de éste se parece con la de aquel, y la del otro con la del otro; si entendemos ese principio, y que ese principio lo captó incluso la razón natural, como en el caso de Plutarco, cuando escribió las Vidas Paralelas cuando él vio eso; pero claro que Plutarco es apenas del tiempo de la generación de Cristo, por ahí por esas épocas de los clásicos; pero antes de Plutarco, ya Salomón habló de esto, ¿se dan cuenta? Salomón habló de esto; entonces, dice así: “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será”; o sea que lo que va a acontecer ya aconteció de cierta manera en el pasado. Si lo entendiéramos, como decía, entenderemos el caso de Daniel 8, de Antioco Epifanes y el anticristo. O sea que una cosa es Dios enseñándonos por medio de profecía, más también por medio de parábolas, y por medio de tipología y alegoría; es decir, por vidas paralelas, ¿se dan cuenta? Y lo dice así: “¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará. Y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de lo que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido”; ya fue en los siglos que nos han precedido. La Biblia dice que “en boca de dos o tres testigos conste toda palabra”; este principio que vemos en este pasaje del 1:9-10 de Qohelet, que es Eclesiastés, aparece también en el capítulo 3:14-15; vamos a ver a un segundo testigo sobre este principio. Eclesiastés 3:14-15: “He entendido…”, note que eso fue algo que por el Espíritu captó Salomón, a quien Dios le dio sabiduría, “… que todo lo que Dios hace será perpetuo”; o sea que lo que Dios hace, lo hace siempre de una misma manera, porque él actúa según estos principios; si tú siembras una semilla, y ya está programado todo su desarrollo, se va a desarrollar; y tú sabes que después de las hojitas vienen las flores, y después los frutos ¿verdad? Entonces Él utiliza las parábolas, utiliza las cosas de la naturaleza, que siempre se repiten de la misma manera, que nos muestran una ley biológica, y esa ley biológica nos permite conocer como son las plantas; por ejemplo, como es el ciclo de vida de los animales, o de las parábolas que usó el Señor; el Señor usó parábolas del reno animal, como la de las ovejas, como son siempre las ovejas, como son las cabras, y también en lo vegetal, como es el trigo, como es la cizaña; y también hay parábolas del reino mineral, así como, por ejemplo, las piedras preciosas en el que el Señor puso los nombres de los apóstoles. Y entonces, hermanos, la biología, la tipología, nos muestran que las cosas siguen un ciclo; por eso aquí dice: “todo lo que Dios hace será perpetuo, sobre aquello no se añadirá ni de ellos se disminuirá; y lo hace Dios…”, note, ¿por qué Dios lo hace de ésta manera? Dice: “…para que delante de él teman los hombres”. Uno se queda admirado cuando ve que, por ejemplo, José vivió de ésta manera, y era un tipo de Cristo; que a Isaac le pasó esto, y le pasó a Cristo; que con David sucedió esto, y sucedió con Cristo; que Ahitofel actuó de ésta manera, y que Judas Iscariote actuó de esa manera. Entonces, cuando tú ves que Dios controla la historia, a pesar de que él deja en libertad a las personas, sin embargo Dios, en su providencia, sabe utilizar hasta el propio albedrio responsable de las personas, porque él prevé todo de antemano; entonces dice: “para que delante de él teman los hombres”. ¿Por qué temen los hombres? porque ven que las cosas se mueven según ese principio; no que seamos unas máquinas; no estamos hablando de un principio de determinismo, en el sentido de que no exista libertad, no; sí existe libertad en los seres humanos; sin embargo, Dios conoce todas esas cosas de antemano y sabe usarlas sin violentar el albedrío humano; y usted ve que la historia se repite, y se repite, y se repite; y eso nos muestra lo que dice: “He entendido esto…”; Salomón se dio cuenta de que las cosas sucedían de esa manera. Hubo un Nimrod, que fue un primer tipo de anticristo, antes de los imperios mundiales; porque antes de que hubiera imperios mundiales, la primera llamada “civilización” fue la de los sumerios, que fue la de Nim-marad, que es otra manera de decir Nimrod en sumerio; y Nimrod fue el primer tipo de anticristo, que construyó ciudades- estado; pero él no construyó imperios, sino ciudades; y luego esas ciudades- estado llegaron a ser enemigas una de la otra, se peleaban, y a veces prevalecía Ur, después prevalecía Lagash, luego prevalecía Acad o cualquiera, o Erek, que es Uruk, que es el mismo Warka, y el mismo Unuk o Enok de Caín, que Caín le puso a su ciudad Enok, y de ahí viene Unuk, y de ahí viene Uruk, y de ahí viene Erek, y de ahí viene Warka, que luego fue más edificada; esta Erek primero fue fundada por Caín, pero después fue restablecida por Nimrod, un primer tipo de anticristo. Pero luego, y eso es lo que vamos a ver, y por eso estamos leyendo este principio, como aquello sería algo que iba como a tener una coronación de la iniquidad; porque ahí el trigo tipifica algo, y la cizaña también tipifica algo; el trigo se humilla, la cizaña se levanta; el trigo se humilla porque tiene alimento para el pueblo; la cizaña no tiene y se levanta ella misma; todas esas cosas son las que figuran algo; hasta los animales figuran algo; vemos, por ejemplo, que el Señor le mostró unos animales en una sábana a Pedro; y esos animales tipificaban a los gentiles; personas que son astutas como el zorro, o perezosas como el perezoso, o cuellos levantados como la jirafa, o andan en el lodo como el chancho; ¿se dan cuenta de que esas clases de animales muestran diferentes tipos de pecados? Entonces esa es otra manera de Dios enseñar. Existen, por ejemplo, esos que llaman presagios; que sucede alguna cosa, y ésto como que se asocia con ésta otra cosa. Por ejemplo, un presagio: se le prendió Saúl al manto de Samuel, y se le rasgó; entonces, así será rasgado tu reino, ¿se dan cuenta? Son cosas que con una se habla otra; porque Dios hizo al ser humano no sólo con la mentalidad cuadriculada del siglo XIX del racionalismo, o del siglo XVIII, sino que el ser humano ha tenido muchos tipos de maneras de entender, de comunicar, de pensamiento; y la Biblia es un libro más oriental que occidental; la Biblia no se escribió en la Alemania de Wellhaussen; la Biblia se escribió desde el tiempo de Moisés y aún antes, y del tiempo de los profetas, y por último, de los apóstoles; entonces abarca un pensamiento mucho más amplio que el meramente racionalista occidental, y utiliza ese tipo de entendimiento; y nosotros necesitamos captar eso, y ver esos principios escritos en la Biblia, y enseñados por Dios, y vistos como suceden, para que así nosotros sepamos que Dios usa ese estilo de enseñanza; si nosotros captamos eso, muchos problemas de la Biblia se van a resolver, cuando nosotros los leemos también con la mentalidad oriental, y no solo con la occidental. Por ejemplo, viene Mateo y dice: “como está escrito: de Egipto llamé a mi hijo”; entonces Jesús se fue a Egipto, cuando sus padres se lo llevaron de niñito, para que no lo matara Herodes; y luego volvió de Egipto; pero ¿dónde está eso escrito? ¡Oh! está en el profeta tal; y cuando tú lees al profeta tal, ves que se está refiriendo a Israel, que estaba en Egipto, y Dios lo trajo a Israel para Canaán; entonces decimos: ¿por qué está aplicando Mateo esto a Jesús, si el profeta lo está aplicando a Israel? Entonces la mentalidad occidental no entiende que la mentalidad oriental piensa por analogía; o sea, así como Dios trajo a Israel de Egipto, así también trajo a Jesús de Egipto; así como Ahitofel traicionó a David, así también Judas Iscariote traicionó a Jesús; así como Antíoco Epifanes se hizo Dios manifiesto, y profanó el templo y el altar, y persiguió al pueblo de Israel, a los judíos, así mismo hará el anticristo; o sea que lo que ha de ser, lo del anticristo, ya fue, por ejemplo, en el tiempo de Antíoco Epifanes, porque Antíoco Epifanes fue un tipo del anticristo. Entonces ese es otro método que Dios usa para enseñarnos; como quien dice, aprende de la historia, para que no tengas que repetirla. Pero cuando tú miras como fue la historia, cómo se comportaron, y como fue la cosa, dices: ¡Ah! Así es que está sucediendo ahora, y así es que va a suceder en breve. Esa es una manera que Dios utiliza, una analogía, que es también una tipología, una alegoría, una parábola, o un presagio, o una profecía claramente, o una enseñanza doctrinal clara. Todo eso lo utiliza Dios; si sabemos eso, podemos leer con más provecho a Daniel; no lo vamos a leer solo cuadriculadamente con la mentalidad racionalista del siglo XIX y siglo XVIII, sino que lo vamos a leer como el Espíritu Santo lo utiliza, con todos los aspectos del entendimiento humano a lo largo de la historia, porque la Biblia no se escribió solamente para la Alemania del siglo XVIII, sino que se escribió para todas las edades, para todos los países, para todas las culturas. Entonces aquí en Qohelet vuelve y repite en el 3:15: “Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya”; ¿se dan cuenta? Lo que ha de ser, por ejemplo, lo del anticristo, fue ya; “Y Dios restaura lo que pasó”. Es como cuando estudiábamos aquí el Templo de Dios, y veíamos la escalera en caracol, que no se sube de una manera directa, sino volviendo a pasar una y otra vez por el mismo lugar hasta que llega al piso de arriba; y es la escalera, la subida en forma de caracol, no lineal, sino circular y avanzando. Entonces estos son los principios que estamos viendo en la misma Biblia: “lo que ha de ser, fue ya”. Entonces vamos a ver cosas que el Señor comienza a anunciar aquí por Daniel; porque por eso digo todas estas cosas, para poder ver el capítulo 8 de Daniel; estas son bases para entender Daniel 8 y Daniel 11. Sucede una cosa, y esa cosa cumple la profecía, por lo menos en parte; tú ves que la cumplió; pero después se cumple otra vez; porque la primera vez que se cumplió, el primer cumplimiento fue el tipológico, el que Dios utilizaría para enseñar a los que vendrían después. Por ejemplo, sucedió en el tiempo de Acab lo que vivió Jezabel; y después Dios toma a Jezabel y la utiliza como una figura profética en el mensaje a Tiatira, ¿se da cuenta? Es una tipología la Jezabel antigua de la Jezabel de Apocalipsis; eso es lo que Plutarco llamaría vidas paralelas; pero antes de Plutarco, ya Salomón había hecho esto, y ya Dios lo hacía de esta manera en toda la Biblia. A veces inclusive Dios utilizaba hasta el parecido de una palabra. Por ejemplo, le mostraba una visión a Jeremías, y en esa visión él veía una determinada planta de almendro que se decía shaked; y como la pronunciación shaked se parecía a shoked, entonces asociaba el nombre shaked con shoked; y le decía: del norte se soltará el mal que ya se apresura, que es lo que se dice shoked; pero como esa planta se decía shaked, entonces usaba el shaked para aludir al shoked. Entonces, los que somos occidentales, a veces no entendemos ese tipo de mentalidad; pero en la Biblia existe esa manera de Dios enseñar, por asociación, por analogía, por tipología, y también por repetición de los acontecimientos. Por eso, veamos en Apocalipsis un principio, que es exactamente éste que leemos acá, y que justamente tiene que ver con el capítulo 8 y después con el 11 de Daniel. Vamos ahora a Apocalipsis 17:7-8 para que ustedes vean que desde el principio de la biblia hasta el fin Dios utiliza ese método. Entonces Apocalipsis 17:7-8 dice: “Y el ángel me dijo: ¿por qué te asombras? Yo te diré el misterio…”; si él hubiera dicho solamente Babilonia, nosotros pensaríamos solamente en Babilonia; y hasta ahora algunos hermanos, especialmente el Hermano Lang, que también le sigue al hermano Benjamín Newton, y el hermano Cristian Chen, por ejemplo, ellos todavía utilizan Babilonia como si fuera la misma Babilonia antigua desde allá, desde Irak; pero cuando dice la Palabra: misterio Babilonia, ahí ya entran a jugar todos estos principios hermenéuticos; o sea que la Babilonia antigua era una figura de una Babilonia final que realmente era Roma; no era solo la Babilonia aquella antigua, sino que es Roma; pero como Babilonia fue la cabeza y la hechicera del pasado, así lo era Roma en tiempos de Juan en el Apocalipsis; entonces por eso Roma era como un misterio Babilónico; y entonces hay una analogía entre las dos. Entonces aquí dice así: “Yo te diré el misterio de la mujer…”; no solamente la mujer, sino el misterio; o sea, hay una interpretación mística que usa también la mentalidad oriental; “…y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos”. Entonces la bestia es la que tiene siete cabezas y los diez cuernos, y la mujer es la que la cabalga, y la bestia es la que la trae. “La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo”. ¿Se dan cuenta del círculo en caracol? Era, ya aconteció; lo que ha de ser: la que va a subir del abismo; ya era antes, pero ahora todavía no es, pero ya fue; pero también va a volver a ser. La bestia que viste es la final, era; o sea, ya en el pasado hubo un cumplimiento tipológico; pero ese cumplimiento era sólo el tipológico; o sea, sólo el primario, no el definitivo y final; porque el definitivo y final será en el futuro; es lo que ha de ser; pero lo que ha de ser, fue ya. Entonces la bestia que va a subir, ya era antes; pero ahora no es todavía, sino que va a ser después. Entonces sigue diciendo así: “…e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida, sea sombrarán viendo la bestia…”; pero el Espíritu Santo le dice: no digas solo: la bestia; Juan, di: “La bestia que era, y no es, y será”. ¿Si se dan cuenta de cómo habla? ¿Por qué no dijo sólo la bestia?, si se está refiriendo a la bestia; porque se está refiriendo a la bestia que era antes de Juan, pero que no era en el tiempo de Juan, pero que sería después del tiempo de Juan. Porque el Señor está usando ese principio: lo que ha de ser, fue ya; la bestia que va a ser, ya fue en el pasado, ya hubo un cumplimiento tipológico, y por tanto, se ha de estudiar la historia; vemos el paralelismo de lo que aconteció, porque Dios nos quiere enseñar acerca del futuro, con el pasado; por eso la Biblia dice: “…y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”. ¿Ven el discernimiento que tenía Pablo? Pablo no veía el pasado como si no tuviera nada que ver con el presente, ni el futuro; estas cosas les acontecieron, o sea que hubo sucesos en el pasado que fueron gobernados por la providencia divina, utilizando la libertad de las personas, sin forzarlas, porque Él deja a los hombres libres, pero Él también gobierna circunstancias; hace que suceda ésto con esto, y teniendo en cuenta la libertad, juega con otros acontecimientos y circunstancias, y entonces después las cosas se repiten; son una proyección; son como un adelanto, una sombra, una imagen de las cosas que vendrían. Así fue el caso de Moisés; dice la Escritura: “Moisés fue fiel en la casa de Dios para testimonio de lo que se iba a decir”; lo que se iba a decir era algo para el futuro, pero se utilizaría lo que fue en el pasado. Y luego, manda Dios, por Romanos, y dice que lo propio del misterio del Nuevo Testamento se debe manifestar a los santos usando el Antiguo Testamento, las Escrituras de los Profetas (Rom.16:25,26). Entonces ya estaba escondido el misterio la tipología, sí, ya lo estaba; y Dios hizo que la historia del futuro aconteciera tipológicamente; realmente en cierta época, muy parecida con la final, para que a los del fin, a nosotros, los del tiempo del fin, aquella historia pasada nos sirva de ejemplo; “…éstas cosas les acontecieron como ejemplo”; ellos vivían, y no se estaban dando cuenta de que ellos estaban viviendo de ejemplo para el futuro; pero Dios estaba con Su mano Poderosa y Soberana dirigiendo la historia, para enseñarle al futuro. O sea que no sólo las cosas acontecen, sino que acontecen como ejemplo; “… y están escritas para amonestarnos a nosotros, a los que han alcanzado los fines de los siglos”. O sea que todos los cumplimientos y los ejemplos anteriores, eran para ayudarnos a nosotros hoy a entender hoy; esas son herramientas para discernir las señales de los tiempos. Entonces por eso dice: la bestia era; ¿por qué dice que era? Porque antes del tiempo de Roma, cuando era el tiempo de Grecia, en la vida de Antíoco Epifanes se cumplió parcialmente la profecía de Daniel 8 y de Daniel 11, de manera tipológica; no fue un cumplimiento final y definitivo, pero sí se cumplió. Si ustedes toman, por ejemplo, a nivel de historia, y no estoy aquí enseñando una doctrina de inspiración del libro de los Macabeos, pero el libro de los Macabeos leído como historia, y ustedes pueden leer en el libro de los Macabeos, tanto en el primero, como algunas partes del segundo, la historia desde Grecia hasta Antíoco Epifanes, ustedes, al leer la historia de Antíoco Epifanes desde Alejandro Magno, que ahí cuenta esa parte de la historia que no está en la Biblia, pero ahí la cuenta el libro de los Macabeos, ahí usted descubre que Antíoco Epifanes cumplió parcialmente las profecías de Daniel capítulo 8. Pero luego el Señor Jesús dice: “Cuando vieres la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel…”, y se lo dice a la Iglesia, cuando ya había pasado el tiempo de Grecia, y el de Persia, y que ahora estaba en el de Roma, “…cuando vieres en el lugar Santo la abominación desoladora del que habló el profeta Daniel, (el que lee, entienda)…”, entonces ahí se da uno cuenta de que el Señor, aunque ya las cosas se habían cumplido en el tiempo de Antíoco Epifanes, sin embargo el Señor tomó la profecía y la aplicó para después; o sea que lo de Antíoco Epifanes no era un cumplimiento final, sino que era un cumplimiento tipológico, la bestia era, pero no era en el tiempo de Juan, pero iba a ser después con el anticristo; ¿se da cuenta? O sea que la vida del anticristo tiene su paralelo en Antíoco Epifanes; cuando nosotros vemos el estilo de Antíoco Epifanes, y los hechos de Antíoco Epifanes, Dios nos está mostrando al anticristo, así como cuando veíamos a José nos está mostrando a Cristo, cuando veíamos a Isaac, a David, nos está mostrando a Cristo; como cuando veíamos a Ahitofel nos está mostrando a Judas Iscariote; así como cuando leemos a Antíoco Epifanes Dios nos está hablando del anticristo también; ¿Se dan cuenta? No solamente nos está hablando de Antíoco Epifanes; Génesis no solamente nos habla de Adán, nos habla de Cristo; Génesis no solamente nos habla de Sara y de Agar, nos habla del nuevo pacto y del antiguo, nos habla no sólo de Ismael y de Isaac, sino de la Iglesia, de los que andar en la carne o en el Espíritu. Esa es una manera de Dios enseñar, que no es común en el Occidente, pero es lo más normal en el Oriente; y éste es un libro que nació en el Oriente. Entonces, si nosotros no tenemos presente esto, entonces nos confundimos; y por eso esos críticos alemanes, cuando veían que Antíoco Epifanes había cumplido por lo menos en parte las profecías de Daniel, dijeron: -Ah, entonces ese libro no es profético; eso fue algo que se escribió después de la historia de Antíoco Epifanes, y se escribió como si fuera una profecía, diciendo lo que iba a suceder, contando lo que ya sabían que había sucedido-. Así lo han dicho Porfirio y los críticos escépticos posteriores. Eso es lo que hacen los críticos alemanes; y hasta nuestro hermano F. F. Bruce, que no es liberal ni modernista, sino que es un gran hombre de Dios, conservador, aún en eso se desvió él en el punto de Daniel; y en su libro acerca del Canon, que tiene sobre el Canon de las Sagradas Escrituras, que es preciosísimo, el único error que le encontré es no reconocer lo que Jesús sí reconoció; Jesús reconoció la profecía de Daniel como de Daniel; en cambio a él no le alcanzó la fe, por su ambiente occidental, para ver que se cumplió de una manera tan literal aunque parcial la profecía en tiempo de Antíoco Epifanes, que parecía que la hubieran escrito después que habían sucedido las cosas; sin embargo, la arqueología ha demostrado antes la existencia de Daniel y de las cosas de Daniel. En mi libro: “Roma en la profecía de Daniel”, hay una primera introducción, que se llama: “Nota Preliminar: Credenciales del Libro de Daniel ante la crítica”, para responder justamente a los ataques de los modernistas, que ahora el anticristo, lean bien, que ahora el anticristo, que va a empezar a crecer, seguramente, si ya lo han hecho en el pasado, con mucha más razón van a querer hacer uso ahora de la alta crítica modernista, para que nos confundamos y no creamos más en Daniel; ¿Se da cuenta? Van a usar eso los que abandonen el Santo Pacto. Entonces necesitamos estar claros en Daniel, y también conocer a nuestros hermanos conservadores, que han tratado a fondo, y han respondido a todas las críticas de los alemanes, y otras críticas de los ingleses, y otros, sobre Daniel. Entonces por ahora les recomiendo un libro, que son dos volúmenes, que están sólo en inglés hasta donde yo sé, pero que quizás algunos de ustedes lo necesiten; se llama: “Estudios en Daniel”, del hermano Robert Dick Wilson; es de lo más avanzado en Daniel que yo conozco; es un hermano que dedicó varios años de su vida a responder todas esas críticas malignas de los modernistas; los que no han tenido que luchar en esa área, ni se preocupan de esas cosas, hasta que no les caiga un cohete en medio de su tejado; y ahí se van a acordar; entonces por eso se lo estoy recomendando, previendo lo que el enemigo ya viene haciendo, y querrá hacer peor. Mientras tanto lean “Daniel en el foso de la crítica”, de Josh McDowell; muy bueno. Entonces todo esto es para que veamos que Daniel sí es profético; el Señor Jesús lo consideró un profeta verdadero, tanto que el Señor Jesús lo usó para el futuro. Y luego viene el año setenta (70 d.C.), pongan atención a ésta parte, teniendo en cuenta el principio del cumplimiento cíclico; en el año setenta varias de las profecías de Daniel, que Jerusalem sería tomada, y que sería saqueada, se cumplió parcialmente en el año setenta; sí, ya se cumplió en el año setenta; pero luego viene el apóstol Juan en el Apocalipsis, en el año ochenta y seis, que es lo más tarde en que se puede poner Apocalipsis; ¿por qué? porque Juan escribió en la Isla de Patmos, y en el último año de Domiciano, que era el emperador que encarceló a Juan en Patmos, y eso lo dice Ireneo, lo dice Justino Mártir, que eran hermanos muy cercanos a ese tiempo, y otros, que el Apocalipsis se escribió en el tiempo de Domiciano, en el año ochenta y seis murió Domiciano; entonces el siguiente emperador, que se llamó Nerva, libertó a los presos políticos que había puesto Domiciano; entonces Juan, que era un preso político, porque no había cometido ningún pecado, fue libertado; entonces el Apocalipsis, lo más tarde que se puede poner es en el año ochenta y seis. Y si lo ponemos en lo más tarde, quiere decir que diez y seis años después de cumplida la profecía de la destrucción de Jerusalem, como fue en el año setenta con Tito, vuelve otra vez en Apocalipsis 11 a profetrizar que la ciudad sería entregada a los gentiles; o sea que lo que había profetizado Daniel, que se cumplió parcialmente en el año setenta, se cumpliría otra vez en el futuro; ¿se da cuenta? Y si ustedes ven la historia de Jerusalem, no sólo una vez Jerusalem fue tomada y saqueada; fueron muchas veces en la historia; o sea que la profecía viene cada vez acercándose más hacia el final, cada vez se perfila más el cumplimiento final por medio de los cumplimientos típicos; pero tenía que haber un cumplimiento final; mientras que Israel no volviera otra vez a su tierra, todavía no eran cumplimientos finales; pero ahora Israel ya volvió otra vez a su tierra; en 1948 Israel fue otra vez una nación, en 1967 fue recuperada Jerusalem, en 1980 fue establecida capital eterna de Israel; entonces ya las cosas son para la generación final. Entonces nosotros, que somos esa generación final, y ya yo soy abuelo, pero ya estamos viendo muchas cosas, las cosas anteriores nos enseñan las cosas actuales; o sea, las cosas que sucedieron, sucedieron como ejemplo, y están escritas para amonestar a los que hemos alcanzado los fines de los siglos. Entonces no hay que leer a Daniel capítulo 8 solamente desde el punto de vista historicista, como si todo tuviera que ver solamente con Antíoco Epifanes, porque el ángel Gabriel le advierte al propio Daniel que esa profecía es para el tiempo del fin, no para el tiempo de Antíoco Epifanes, sino el del fin, tiempo del fin; entonces ahí nos damos cuenta de que se cumplió en Antíoco Epifanes algo, y luego se cumplió una parte de lo de la ciudad en el año setenta; pero lo del anticristo, que tenía que cumplirse en el futuro, lo que pasó en Jerusalem se tiene que cumplir completa y definitivamente en la gran tribulación; lo que pasó con Jerusalem en el año setenta es una figura de la gran tribulación; una figura, como Antíoco Epifanes es una figura del anticristo, como Nimrod fue una figura del anticristo, como Ahitofel fue una figura de Judas Iscariote, como Adán fue una figura de Cristo, como Eva es una figura de la Iglesia. ¿Me entienden, hermanos? Entonces, si esto queda claro, podemos leer con mucho provecho Daniel 8, pero es lo mismo que leer sobre el tabernáculo. Decía Pablo, enseñaba Pablo, que había varias maneras de leer a Moisés; que se podía leer Moisés del velo para afuera, o detrás del velo; algunos veían que sí, sacrificaron un cordero, y que por la sangre del cordero fueron salvos; pero ellos no veían a Cristo; y sí, fue sacrificado el 14 de Nisán, justamente un viernes a las tres de la tarde, y no veían a Cristo; pero decía Pablo: “pero cuando nos convertimos a Cristo, el velo es quitado” y comenzamos a ver a Cristo por todos lados; antes no lo veíamos, no era que no estaba, las cosas estaban escritas, pero nosotros veíamos del velo para afuera; cuando nos convertimos a Cristo, comenzamos a ver del velo para adentro, y empezamos a ver como ésto se corresponde con esto; lee esta palabra, y ésto se corresponde con aquello; así como se dice de estas mujeres son los dos pactos: Agar se corresponde con el Monte Sinaí en Arabia; esto corresponde con aquello; corresponde con, este es el principio hermenéutico, la correspondencia, ese paralelaje, esa tipología, esa alegoría, esa sombra, esa imagen de las cosas. Entonces, si esto lo entendemos, podemos leer Daniel 8. Entonces, la bestia que era, ahora no es, dice Juan, pero que ha de subir; la bestia que era, y no es y será; lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó; si quedó claro ese principio, entonces podemos leer así como decía Moisés, una lectura historicista para el pasado, y una lectura espiritual para el presente. Cuando estábamos leyendo ahora la profecía que se cumplió con Antíoco Epifanes, que es una tipología del anticristo, ¿qué está haciendo Dios? nos está mostrando el ejemplo de lo que va a ser el gobierno del anticristo. Entonces por eso les recomiendo leer Macabeos, para que al leer Macabeos ustedes puedan ver cómo fue uno que es el tipo del anticristo. Bueno, entonces ahora sí regresemos a Daniel. Daniel 8; Dios no hace eso al principio, ¿ven? Dios al principio hace profecía simple; pero luego hace profecía con alegoría, con tipología, ¿se dan cuenta? Con proyección; porque el Señor es precioso al enseñar, y Él nos dio una mentalidad que puede captar esas cosas, ¿amén? Entonces, en el capítulo 8, ya no era en el año primero, sino en el tercero; dos años después de la del 7; Dios le añade más detalles a la cosa, a la profecía; y vuelve a hablar otra vez de lo mismo, pero añadiéndole detalles; no es que vaya a hablar de otra cosa, no; va a hablar de lo que ya habló, pero primero puso una figura, cabeza de oro, Babilonia; después puso otra figura: un león con dos alas, pero es la misma cabeza de oro, también es Babilonia; ¿por qué no usó la misma figura? para enriquecer más, para dar más detalles, para dar más revelación; cambia la figura pero se refieren a lo mismo; por lo tanto, son dos figuras que se interrelacionan, complementan y se enriquecen mutuamente. Luego de Babilonia viene Medo- Persia; en el capítulo 2 Medo- Persia eran los pechos y brazos de plata de la estatua del sueño de Nabucodonosor; pero en el capítulo 7 era un oso que se alzaba más de un costado que del otro, y que tenía tres costillas en la boca; pero era el mismo imperio Medo persa; sólo que allá lo mostró con una imagen, y aquí lo mostró con otra imagen, para añadir revelación; ¿se dan cuenta? Pero ahora va a volver a hablar de Medo- Persia, y ahora ya va a usar, no los pechos y brazos de plata, ni el oso, sino un carnero con dos cuernos; pero va a hablar de la misma cosa, pero usando otra figura, y añadiendo mas detalles, pero habla de lo mismo con varias figuras, con varias visiones. Entonces Dios da varias visiones para revelar más, no para confundir; son los de afuera los que se confunden; y los de adentro ven más; porque es como cuando Jesús dijo: ¿Con qué compararé el reino? Y dice el reino de los cielos es semejante a esto; y lo compara, por ejemplo, con el trigo y la cizaña, con una red, con una perla de gran precio; y todo está hablando de lo mismo, pero con ángulos distintos; y cada ángulo muestra un aspecto del reino; está hablando del mismo reino de los cielos: ¿A qué lo compararé? Con esto, y lo compararé también con esto, y con esto y esto. Y aquí hace lo mismo con Daniel; compara el imperio babilónico con la cabeza de oro, y con aquel león con dos alas; compara a los Persas con los brazos y pechos de plata, y lo compara también con el oso aquel con sus detalles, y lo comprara también con el carnero que va y viene para acá, y va y viene, pero ese carnero es el oso; entonces podríamos decir que es un “oso carnero de plata”, si habláramos así en lenguaje crítico; los de afuera no entenderían, pero todos nosotros sí entendemos. Lo mismo pasa con Grecia; era de bronce, y después pasa a ser un leopardo, y después un macho cabrío; pero el macho cabrío es el mismo leopardo, y el leopardo es el mismo ombligo, vientre y muslos de bronce; es lo mismo, pero mostrado con figuras distintas, pero hablando lo mismo. Entonces así hace Dios, hablando de lo mismo, pero de varias maneras; y con cada manera le añade un detalle. Entonces vamos a ver esto desde acá; Daniel 8:1 dice entonces: “En el año tercero del rey Belsasar, me apareció una visión a mí, Daniel…”, ya no era un sueño, “…después de aquella que me había aparecido antes. Vi en visión; y cuando la vi, yo estaba en Susa…”, note, allá él estaba en el reino de Belsasar, que era en Babilonia, todavía no era Persia, pero en la visión él se encontró en Susa, que era capital en Persia; y empieza ahora en esta profecía a contar desde Persia en adelante; ya se encontró que estaba en Susa, como decir que estaba en Bogotá, o como dice tal hermano, que está en la Rodoviaria, en el terminal de transporte. “… estaba en Susa, que es la capital del reino en la provincia de Elam”, todo esto es en el Asia central. “Vi en visión, estando frente al rio Ulai…”, que es uno de los ríos de aquella región; “Alcé los ojos y mire, y he aquí un carnero que estaba delante del rio, y tenía dos cuernos; y aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro…”, como el oso que se alzaba más de un costado que del otro; ¿si ven la analogía? ¿Quién iba a pensar que un oso alzado de un costado más que del otro era lo mismo que un carnero con un cuerno más alto que el otro, pero que el otro creció después? Eso es analogía. “…y el más alto creció después”. Por eso ustedes ven que al principio es Darío el Medo el que se toma a Babilonia, pero después aparece Ciro el Persa; porque Darío el Medo era un aliado de Persia, pero realmente el fuerte fue Ciro; pero el que hizo el primer trabajo fue Darío el Medo, que es distinto a Darío el Persa, que es otro Darío. “vi que el carnero hería con los cuernos al poniente”, o sea al occidente, “al norte”, o sea Asiria, Rusia; fue lo que hicieron justamente los Persas; “y al sur”; inclusive llegaban hasta el sur, Grecia, desde donde luego se pasó hacia Egipto. Y dice: “y ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quien escapase de su poder; y hacía conforme a su voluntad, y se engrandecía”. Note que éste príncipe de Persia natural, según Daniel 10, estaba dirigido por un príncipe de Persia espiritual. En Daniel 10 aparece un príncipe de Persia que peleaba con el ángel, y vino Miguel y ayudó al ángel, y echó al príncipe Persa, al príncipe aliado de Satanás, porque el dragón tiene siete cabezas, siete príncipes de su consejo, y por eso la bestia también tiene siete cabezas, porque lo espiritual, los gobernadores de las tinieblas de este siglo, se expresan a través de las “civilizaciones” humanas; hay espíritus malignos. Hermanos, la política del mundo está muy vinculada con el ocultismo; y el mejor ejemplo lo vamos a ver con el anticristo, que se alzará hasta el ejército del cielo, y el mismo dragón, ya no un príncipe de Persia ni de Grecia, sino el mismo dragón le dará su poder y autoridad a la bestia; a la final la bestia; antes fue el príncipe de Grecia, que vino después del de Persia; la que era, pero no es todavía, pero la que ha de venir, la final, la definitiva; ya no será ayudado por uno de los amigos, de los principados, de los compinches del diablo mismo, sino por el mismo diablo, el dragón. Entonces vemos que las cosas no son solamente políticas; y por eso le digo a los hermanos que estamos considerando éstas cosas del fin, y todo lo que está pasando, no lo enfrente solo de una manera natural, porque no es con ejército, ni con espada, sino con el Espíritu; nuestra lucha no es contra los ejércitos naturales, sino contra lo espiritual; nuestra lucha es espiritual; y por eso no tenemos que ser confiados en nosotros mismos, porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, como cuando oraba y ayunaba Daniel; y mientras él oraba y ayunaba, en los cielos peleaban los ángeles, peleaban los ángeles. Cuando tú estás orando, ayunando, compartiendo la Palabra del Señor, los ángeles están luchando. No tenemos que ver las cosas sólo en lo natural, sino en lo sobrenatural; hay un imperio Persa, y hay un príncipe de Persia demoniaco, hay una cabeza del dragón en el mundo espiritual, y una cabeza de la bestia en el mundo natural. ¿Se dan cuenta? existe esa correspondencia. Entonces vean acá; dice en el verso 4: “vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quién escapase de su poder; y hacía conforme a su voluntad, y se engrandecía”. Así como lo hace Satanás, lo hacen sus amigos, sus príncipes, y también los reyes de la tierra; y lo hará también el anticristo; es una frase típica de la naturaleza maligna, el ensoberbecerse, el engrandecerse, hacer según su voluntad. En cambio Jesús no hacía nada según su voluntad, ni se engrandecía, sino que se humillaba; son principios diferentes. |“Mientras yo consideraba esto”, note, hay que considerar las cosas, considerar la historia, “…he aquí un macho cabrío…”; pero antes de leer lo del macho cabrío, vamos al verso 20: “En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos, éstos son los reyes de Media y de Persia”. Entonces, son los brazos y pechos de plata, son el oso que se alzaba más de un costado que del otro; ahí vemos que es la misma cosa. Ahora viene después de Persia, Grecia; cuando fue destruido el príncipe de Persia, ven cómo Dios cada vez que empieza a hablar va añadiendo cosas; al principio es tan sólo una estatua, después en el 7 ya son varias bestias; después vemos éstas otras bestias con éstos otros animales, y ves más tipología y más cosas; y al final ves con pelos, con uñas y señales. Pienso que la mayoría que lee esos capítulos no los entiende de primeras; de primeras no los entiende, porque se necesita mucho para entenderlos; pero los vas a entender si empiezas así, poco a poco, y vas comprendiendo la manera cómo Dios lo hace. Entonces, “Mientras yo consideraba esto, he aquí un macho cabrío venía del lado del poniente...”, o sea occidental; es la llamada cultura occidental, que es la cultura griega, que después fue llamada cultura greco-romana, que es la base del llamado Derecho Romano de Occidente, que seguramente acá los hermanos abogados han estudiado. Y por eso es que el cuerpo final de la bestia apocalíptica es de leopardo; toda su jurisprudencia y su jurisdicción es heredera de la llamada civilización greco-romana. Ya cuando entiendes, con una sola figura el Señor habla muchas cosas; al decir que la bestia final tiene cuerpo de leopardo, ¡oh!, pero tiene pies de oso, ¡oh!, pero tiene boca de león, con esas imágenes Dios está diciendo muchísimas cosas, si llegas a entender lo que quiere decir ese leopardo, lo que quiere decir ese león, lo que quiere decir ese oso, cualquiera de las demás figuras. Entonces dice: “venía del lado del poniente sobre la faz de toda la tierra”, como volando casi, “sin tocar tierra; y aquél macho cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos”. Veamos el verso 21: “El macho cabrío es el rey de Grecia, y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero”. O sea, el primer rey imperial de Grecia: Alejandro Magno; ¿Ya lo identificó? Entonces ahora seguimos, ahora ya estamos en el bronce, es un leopardo- macho cabrío de bronce. “Y vino hasta el carnero…”, esto fue lo que se llamaron las guerras médicas, las guerras de los Medos- Persas, con los Griegos. Fueron varias guerras; primero fue con Babilonia, y luego fue con Grecia al final. “Y vino hasta el carnero de dos cuernos, que yo había visto en la ribera del río, y corrió contra él con la furia de su fuerza”. Hace unos días, o meses, o años, ya no me acuerdo exactamente, con Betica y Mechitas vimos una película acerca de Alejandro Magno, al menos para entender la historia. “Y lo vi que llegó junto al carnero, y se levantó contra él y lo hirió, y le quebró sus dos cuernos, y el carnero no tenía fuerzas para pararse delante de él; lo derribó, por tanto, en tierra, y lo pisoteó, y no hubo quien librase al carnero de su poder. Y el macho cabrío…”, otra vez, “…se engrandeció…”; ¿Por qué? Porque es de otro príncipe de la misma calaña, del mismo grupo, del mismo bando del dragón; “…se engrandeció sobremanera”. ¿Qué hace el Señor cuando la gente se engrandece? Lo humilla. “Pero estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo”. Se da cuenta que también el leopardo tenía cuatro alas de ave; exactamente, la misma cosa. Entonces ahora empezamos a llegar aquí a ver una cosa muy importante; aquí empieza a añadir más detalles; porque primero había dicho solamente bronce, bueno, vientre y muslos de bronce; después ya le añadió, con el leopardo, las cuatro alas de ave; pero ahora empieza a desarrollar esas alas; o sea, esas dinastías que vinieron de lo que fueron los griegos, que llegaron a conformar los reyes del norte y del sur, que aparecen después, mostrados aquí en una visión; pero eso se continua después con más detalles. Entonces aquí hay que poner mucha atención, porque aquí ya vamos a llegar al tipo del anticristo, que es Antíoco Epifanes ; y ¿por qué llegamos a él antes de Roma? Porque Juan mismo iba a decir eso que desde la eternidad ya Dios lo sabía, pues la Biblia venía desde antes de Roma, pero después eso no sería en la propia Roma del tiempo del propio Juan, pero subiría otra vez después. Entonces, antes de llegar Roma, tenía que haber ya un cumplimiento tipológico del anticristo, de entre los griegos, la bestia que era, pero no es; ¿se dan cuenta? Ese es el asunto. Entonces ahí seguimos leyendo; y dice al final de Daniel 8:8: “aquel gran cuerno fue quebrado”, entonces fue Alejandro Magno, “y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo”. Esos generales de Alejandro magno: Casandro, Lisímaco, Seleuco y Ptolomeo; uno tomó la parte de Macedonia, otro la parte de Siria con la parte de Canaán, Palestina, y más al norte. Luego la parte de PTolomeo fue más al sur, lo que es Egipto; por eso hay esa ciudad que se llama Tolemaida, que viene de PTolomeo; y fueron muchos PTolomeos: Tolomeo I Soter, PTolomeo II Filadelfo, PTolomeo Filometer, el Filopater, el V, y muchos de esos PTolomeos. Entonces esos fueron los reyes del sur; entre los del norte hubo uno que se llamó Seleuco I Nicanor, y luego uno que se llamó Antioco I, pues eran entreverados con los Seléucidas; el reino de los Seléucidas era una de las parte de los griegos; entonces hubo Seleuco I, Seleuco II, Antioco I, Seleuco III, Antioco II, Antioco III, que era llamado el grande; y Seleuco IV, y el V, y Antioco IV Teoepifanes; o sea, la dinastía de los Seléucidas, que son griegos, hablaban en griego, de toda la “civilización” llamada griega. Y por eso fue que cuando se fueron al sur, a aquella ciudad de Egipto la llamaron Alejandría, en honor a Alejandro, como Tolomaida en honor a PTolomeo, como Antioquía en honor a Antíoco; ¡Ay, ay, ay! Cómo nos duele a los que nacimos en Antioquia ¡Dios nos guarde! Que no sea una tipología, o bueno, que salgamos de ahí; pero vi al presidente Uribe, antioqueño como yo, por allá en Europa queriendo cooperar con el gobierno mundial, que él es también “antioqueño”. Bueno, seguimos acá. Capítulo 8; empecemos a ver aquí el verso 9: “Y de uno de ellos”, note, uno de aquellos cuatro, la dinastía de los Antiocos, que son los mismos Seléucidas, pues los Seléucidas y los Antiocos son los mismos, sólo que un líder que se llamaba Seleuco, al que entonces le decían I, si su nieto era Seleuco, entonces era II, y si el tataranieto era Antíoco, entonces era el I, y el requetetataranieto entonces era el IV; entonces esos eran los Seléucidas. Bueno, entonces dice así: “y de uno de ellos salió un cuerno pequeño”, fíjense otra vez en que habla de cuerno pequeño; éste cuerno pequeño se dice ser de una de las dinastías de los cuatro reinos que surgieron de Alejandro Magno, o sea del reino Seléucida, o de los Antiocos; de ahí, de entre ellos, surgió Antíoco Epifanes, que se hizo pasar por Dios, persiguió al pueblo de Dios; o sea que es tipo del anticristo. Pero ahora no vamos a leer sólo del tipo, sino que esto sucedió como ejemplo, era, pero también ha de ser; lo que será, ya fue. Entonces vamos a leer como detrás del velo, y delante del velo. Entonces, primero, mirando del velo para afuera, vemos la historia de Antíoco Epifanes; pero sabemos que la historia de Antíoco Epifanes era una figura del anticristo; y miren cómo la vida de Antíoco Epifanes era paralela a la del anticristo ¿Se da cuenta? Entonces por eso es que había que tener esta base para poder leer de Daniel con cuidado y provecho éste capítulo. Entonces dice Daniel 8:9: “Y de uno de ellos…”, o sea a lo último, al final (v.23: al fin del reinado de éstos). Ahora miren una cosa, pongan atención a esto; ¿Saben quienes derrotaron a los Seléucidas? Los Romanos; entonces la continuación de los Seléucidas son los Romanos. ¿Se da cuenta? Entonces cosas que se cumplen tipológicamente en Grecia, después se cumplen tipológicamente en el imperio romano, y entonces luego se cumplen por fin definitívamente en el gobierno mundial del anticristo. ¿Si captaron eso? La cosa se cumple primero tipológicamente, una o más veces, y después se cumple finalmente. Entonces dice aquí: “de uno de ellos…”, o sea de los Seléucidas, de los Antiocos, “…salió un cuerno pequeño…”, y ese cuerno pequeño, por lo que dice aquí que va a hacer, y fue lo que hizo, y usted, si lee claramente los Macabeos, va a entender que realmente Antíoco Epifanes era éste cuerno pequeño tipológico. Pero mire cómo empezó, igual que el anticristo que vimos en el capítulo siete de Daniel; empieza pequeño, ¿se dan cuenta? Entonces note las vidas paralelas, la tipología, la correspondencia, el ejemplo: “un cuerno pequeño, que creció mucho al sur…”, porque eso fue inclusive hacia Israel y hacia Egipto; engañó a los del sur, engañó a los PTolomeos, al V y al VI los engañó. Y dice acá: “…y al oriente, y hacia la tierra gloriosa…”, o sea, Israel. “Y se engrandeció…”, ahí están las vidas paralelas. Este Antíoco Epifanes, que era el cuerno pequeño tipológico, creció y se engrandeció. Y luego dice acá: “…hasta el ejercito del cielo”; primero no, pues primero era pequeño, y fue creciendo hasta alcanzar el ejercito del cielo; bueno, eso lo vamos a ver también con el anticristo. Y vamos a ver lo que dice aquí en el capítulo 11; desde el principio era pequeño, pero luego se va creciendo, y luego, con la ayuda de un dios extraño, se hace de las fortalezas más inexpugnables; la persona empieza humilde, sencilla, engañando, haciendo pactos, haciendo consejos, llega calladamente y silenciosamente, como vamos a ver que lo dice literalmente la profecía, y luego se empieza a engrandecer, empieza a hacer pactos con otras personas; a los que lo reconozca empieza a darles poder y autoridad, e inclusive riquezas y bienes; y luego se mete con el ocultismo: “se engrandece hasta el ejercito del cielo”, “y echa por tierra las estrellas del cielo”; o sea que va teniendo autoridad hasta en el mundo espiritual, tanto que hasta el propio dragón le va a dar su poder y autoridad; o sea que ésta persona, que comienza tan pequeñita, hará pacto con Satanás, para ser el mayor de toda la historia de la humanidad. Eso es delicado, hermanos, y eso está escrito. Hay que leer con cuidado la profecía, y el ejemplo, la alegoría, la tipología, las vidas paralelas. “Se engrandeció hasta el ejercito del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra y las pisoteó”. Fíjate que peleaban, y caía el de Persia, y luego caía el de Grecia. ¿Se dan cuenta de cómo existe ese mundo espiritual ligado con el mundo político y el histórico aquí de la tierra? Y luego dice así: “Aún se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos…”; note, en el tiempo de Antíoco Epifanes, el sumo sacerdote era la tipología de Cristo; y había un hombre de Dios que era Onías III, el sumo sacerdote de Israel, que fue matado por Antíoco Epifanes; se engrandeció contra él. Pero luego, lo que era la línea de los Seléucidas, fue continuada por los Romanos; y un hombre parecidísimo en carácter a Antíoco fue Tiberio, quien también era astuto, desconfiado, y vino y se engrandeció, y fue también en su tiempo que murió el Señor Jesucristo, que había sido tipificado por Onías; pero el Señor Jesucristo dijo: “el que a vosotros recibe, a mí me recibe; lo que hiciste a uno de ellos, a mí me hiciste”. El anticristo final se levantará; dice la Escritura: “la bestia peleará contra el Cordero, pero el Cordero lo vencerá”; pero se levanta contra Él, y como no puede vencerlo él mismo, va a perseguir al cuerpo Suyo; pero lo que le hace a Su cuerpo, se lo hace al Señor. Entonces ustedes ven cómo se complementa la tipología. Entonces sigue diciendo ahí el verso 11 de Daniel 8: “Y por él fue quitado el continuo sacrificio…”, note que ya empieza a aparecer éste asunto; esa fue la orden de Antíoco Epifanes, prohibió el ejercicio de la religión judía, del sábado y del sacerdocio, mató al sumo sacerdote. Lean en Macabeos y van a ver cómo Antíoco Epifanes hizo esto; y luego fíjense también lo que hicieron después los romanos en el año setenta; ya lo había hecho en parte Pompeyo, lo hizo después Tito, lo hizo después Adriano en tiempos de Bar-Kobcha, quiien se hizo pasar por el mesías; y entonces vino el emperador Adriano y destruyó Jerusalem otra vez, la sembró de sal, sacó a todos los judíos, y hasta le borró el nombre a la ciudad, y le puso otro nombre: Elia Capitolina, toda de gentiles, no quedó ni un judío, así profanó la ciudad, y desde Roma otra vez. Después los musulmanes con el califa Omar, después en el tiempo de las cruzadas; siempre se repetía ese ir y venir del norte al sur y del sur al norte, ir y volver, tipología cumplida hacia el final; lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó; ¿acaso hay algo nuevo? No, ya sucedió en el pasado; las veces que sucedió en el pasado nos enseñan de lo que va a ser en la última vez. ¿Está claro eso? Entonces seguimos leyendo allí y dice así: “Por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra…”. Note que eso ya se cumplió parcialmente con Antíoco Epifanes, se cumplió parcialmente con Pompeyo en el año 68 a.C., se cumplió parcialmente en el año 70 d.C. con Tito, se cumplió en el año 135 con Adriano, se cumplió con el Califa Omar y con Abel el Melek cuando pusieron la mezquita de Omar en Jerusalem; se volvió a cumplir otra vez en el tiempo de Godofredo de Bouillon y de Ricardo Corazón de León en el tiempo de las cruzadas; se volvió a cumplir con Saladino y los Turcos, hasta que Gran Bretaña tomó la tierra en protectorado, y por fin llegó a la nación de Israel en su renacer, que vivirá el último septenario de Daniel 9, que es para Israel y Jerusalem el final. Mientras Israel no fuera recuperado, lo demás sería casi parecido, y por eso antes sucedían cosas tan parecidas, que ya parece que todas las generaciones pensaban que ya era el fin; pero todavía no había sucedió lo que tenía que suceder ahora, y ahora sí sucedió de manera final mucha cosa. Entonces dice aquí, pongan atención, porque aquí no estamos leyendo sólo historia, sino historia como ejemplo, y ejemplo que ya está sucediendo; ese cuerno pequeño se va levantando, pero va a llegar a ser éste; esto que dice en el verso 11, es la mitad de la semana setenta, de que se va a hablar en el capítulo 9 de Daniel, donde se pone la abominación desoladora, de que Jesús dijo: “Cuando veáis en el lugar Santo la abominación desoladora…”; lo dijo después de lo que ya había sucedido con Ant&iacut